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Queríamos que nunca
renunciara usted
a los zapatos bonitos.

Última actualización

🦋 Estamos preparando nuestra campaña de financiación colectiva.

DesignLo que los kutsukazari hacen posible

Hola, y gracias por visitarnos. Somos Kutsukazari Inc. Los kutsukazari nacieron de una idea sencilla —añadir ornamento a zapatos que ya existen—, pero su estructura y su forma son enteramente distintas de los clips y accesorios para zapatos que los precedieron. Mientras registrábamos nuestras marcas y diseños en la Oficina Japonesa de Patentes, desarrollamos un accesorio que se pone y se quita libremente y que no altera la sensación al calzar. Permítanos empezar contándole qué distingue a los kutsukazari y para qué sirven.

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Lo que distingue a los kutsukazari

Le explicamos aquí en qué se diferencian nuestros kutsukazari de los clips y accesorios para zapatos que existían antes. La mayor diferencia está en la estructura: en lugar de pinzar el zapato, sostenemos el ornamento desde dentro, repartido sobre una superficie. No se sujeta en el punto donde muerde una pinza, sino sobre una cara de metal blando, dócil como la arcilla. Y de esa única diferencia se desprende todo lo que sigue.

1: No duele

Esto importa más que nada. Puede decorar libremente los zapatos cómodos que ya son suyos. El accesorio no presiona el pie, y no hay dolor ni molestia que soportar. Es precisamente lo que nos propusimos lograr.

2: No marca sus zapatos

Nada metálico muerde el cuero, la tela o la resina de sus zapatos. El accesorio se desliza en el hueco entre el zapato y el pie, de modo que no hay arañazos ni hundimientos. Quíteselo, y no quedará rastro de que hubo allí un ornamento. Eso es un kutsukazari.

3: No se ladea

Los clips existentes fijan la posición, y por eso toda la fuerza recae en un único punto de contacto. De ahí que el ángulo tienda a moverse al caminar. El accesorio kutsukazari se sostiene sobre una superficie, así que no hay temor de que el ornamento acabe mirando hacia otro lado. De verdad.

4: No se suelta

Esto tiene menos que ver con nuestro accesorio que con lo que lo mantiene en su sitio: el mechanical fastener de 3M. Con sus 0,7 mm de espesor, resiste un tirón de unos cuatro kilogramos. Corra con ellos, baile con ellos; no se caerán. Bueno — todavía no hemos bailado.

5: Usted elige la posición

Como el kutsukazari queda firmemente sujeto en el hueco entre el zapato y el pie, es usted quien decide dónde va el ornamento y en qué ángulo. Puede levantarlo un poco, o inclinarlo un poco hacia atrás. Poder colocarlo justo donde mejor le favorece es, creemos, una satisfacción discreta.

6: No se ven herrajes

Acabamos nuestros accesorios en un color próximo al de sus zapatos. (Negro para empezar; luego vendrán el blanco, el gris y el azul.) Así, nada llamativo —ni cierre, ni metal— entra en el campo de visión. El ornamento debería parecer que perteneció siempre a ese zapato. Puede que sus amigas se sorprendan.

7: Se amolda a su zapato

Ante todo, no debe suponer una carga para el pie. El accesorio está hecho de un material con la blandura del caucho o de la arcilla: lo que llamamos plasticidad. En vez de imponer un herraje rígido, se acomoda a su zapato y a su pie. Es muy posible que olvide que lo lleva.

8: Se quita en un instante

No hace falta fuerza para abrirlo, y sus uñas quedan a salvo. (Quitar un kutsukazari se parece menos a desabrochar que a despegar.) Si le sorprende la lluvia, o si simplemente quiere cambiar de ornamento, sale sin esfuerzo.

Cómo disfrutar de los kutsukazari

Hemos pensado en todo lo que los kutsukazari hacen posible. Como la talla nunca es un problema, también pueden regalarse; nos gustaría que lo tuviera en cuenta.

Para regalar

Para un cumpleaños, una mayoría de edad, un sesenta aniversario: ¿qué le parece? No necesita saber la talla de quien lo recibe, y lo haremos en el color que más le guste.

En los colores que usted quiere

En una época en la que cualquiera puede ser ídolo o héroe, los colores tienen más significado que antes. Esperamos que disfrute vistiendo los colores de quien, o de lo que, le sea más querido.

Para compartir

Los kutsukazari se pueden compartir con las personas cercanas, igual que se presta una prenda o un accesorio favorito. Si le dan a usted y a sus amistades o a su familia algo de que hablar, nos alegraremos.

Combínelos a su gusto

A diferencia de los zapatos con el adorno fijado de fábrica, los kutsukazari pueden moverse a donde usted prefiera. Elija varios y las combinaciones posibles se cuentan por decenas.

Para los planes de la noche

Salga hacia la oficina con sus kutsukazari en el bolso. Cuando termine la jornada, póngaselos. Ya sea una cita o un paseo al fresco de la tarde, que le vaya muy bien y que lo disfrute.

Deles otra oportunidad

¿Tiene zapatos sencillos durmiendo en el recibidor, comprados para una ocasión formal, una ceremonia de ingreso, una graduación? Puede que los kutsukazari les sean de ayuda.

ProductsNuestra colección

Las posibilidades de los kutsukazari son verdaderamente amplias. Más allá de las composiciones en cinta y en tela, pueden combinarse con flores artificiales, cuentas, piedras preciosas y plata. Esto es lo que hemos prototipado hasta ahora.

RibbonKutsukazari de cintaCrystalKutsukazari de cristalMizuhikiKutsukazari de cordón mizuhikiLaceKutsukazari de encajeRingAdornos para el dedoEarringsAdornos para la oreja

Q&ALo que más nos preguntan

Estas son nuestras respuestas a las preguntas que nos han planteado hasta ahora. Hacia el final encontrará dos listas: marcas que hacen zapatos amables con los pies y marcas que hacen zapatos preciosos. Esperamos que le sean de utilidad.

  • ¿Cuánto se retocan las fotografías de los kutsukazari?

    El retoque puede contarse entre las costumbres de nuestra época, pero en Kutsukazari Inc. nos resistimos a presentar el valor y el atractivo de un producto como mayores de lo que realmente son. Por eso las fotografías de nuestras páginas de producto están tomadas con un teléfono corriente y se usan tal como salieron, sin alteración alguna.

  • ¿Dónde puedo comprar kutsukazari?

    En este momento estamos estableciendo los sistemas para producir kutsukazari a mayor escala. Con el tiempo nos gustaría venderlos en línea, pero primero esperamos darlos a conocer mediante la financiación colectiva y otras iniciativas. Le pedimos un poco más de paciencia.

  • ¿Por qué hacer una campaña de financiación colectiva?

    Realizamos una campaña de financiación colectiva para los kutsukazari menos para reunir dinero o ampliar nuestra distribución que para dar a conocer que ya existen zapatos amables con los pies, y que pueden adornarse y disfrutarse. Es menos una cuestión de fondos que un medio para difundir una cultura nueva, una que nunca ha figurado entre las opciones de que disponemos al vestir. Considérelo una de las cosas que hacemos para llegar a todas las personas que habían renunciado a los zapatos bonitos.

  • ¿De verdad no se sueltan los kutsukazari?

    Casi todo el mundo ha perdido alguna vez un pendiente o un anillo preferido. Al hacer realidad los kutsukazari, las dos cosas que más nos importaron fueron la comodidad y que no se soltaran. Entre el enganche que se ajusta al zapato y el cierre que lo refuerza, hasta ahora no se ha soltado ninguno en ninguna de nuestras pruebas.

  • ¿No harán kutsukazari para zapatillas deportivas?

    Gracias por preguntarlo. Como se imaginará, las posibilidades de los kutsukazari son amplias y creemos que hay muchas formas de aplicarlos. También pueden colocarse en zapatillas deportivas, pero permítanos avanzar primero con el desarrollo para zapatos de salón y tacones. Le agradecemos su comprensión.

  • ¿Hay kutsukazari para niños?

    Sí. Con el tiempo prepararemos kutsukazari que también puedan usar los más pequeños. Cuando tengamos un prototipo, lo anunciaremos en nuestro Instagram oficial y en otros medios.

  • Me gustaría obtener una licencia de kutsukazari...

    Nos honra usted. Si se nos permite decirlo, el enganche kutsukazari registrado en la Oficina Japonesa de Patentes es de uso exclusivamente nuestro. Cualquiera, particular o empresa, que desee desarrollar o vender kutsukazari puede ponerse en contacto con nosotros a través de este sitio web.

    Contactar con Kutsukazari Inc.
  • No pasa nada si los hago solo para mí, ¿verdad?

    Hacerlos para su propio disfrute es enteramente lícito. Le rogamos, sin embargo, que se abstenga de venderlos en aplicaciones de compraventa entre particulares, de cualquier cesión con ánimo de lucro aunque sea entre amistades, y de publicar patrones en redes sociales con fines comerciales. Todo ello constituye uso comercial e infringiría nuestros derechos de diseño. Esperamos que disfrute haciéndolos con discreción, y que los guarde para usted.

  • ¿Dónde puedo comprar zapatos cómodos?

    Los kutsukazari que preparamos se ajustan a casi cualquier zapato del mundo: tacones, zapatos de salón y similares. Dicho esto, el calzado corriente se fabrica en las tallas y las formas de mayor demanda, lo que lo vuelve incómodo para quien tenga pies de anchura poco común. A modo de referencia, estos son los fabricantes que conocemos. Success Walk, de Wacoal, es especialmente bueno, con seis anchuras a elegir.

    サクセスウォーク … [公式サイト] / [Instagram]

    アシックスウォーキング … [公式サイト] / [Instagram]

    gauge(ゲージ) … [公式サイト] / [Instagram]

    リゲッタ … [公式サイト] / [Instagram]

    Belle & Sofa … [公式サイト] / [Instagram]

    También hay tiendas en línea especializadas en tallas grandes. Le invitamos a echarles un vistazo.

    マシュガール … [公式サイト] / [Instagram]

    リズラフィーネ … [公式サイト] / [Instagram]

    Rakuten y Yahoo! Shopping albergan asimismo varias tiendas especializadas en hormas anchas y estrechas. Las presentaremos en otra ocasión. (Si tiene alguna recomendación, nos encantaría conocerla.)

    Estas marcas atienden principalmente al mercado japonés, por lo que es posible que no realicen envíos internacionales. Le rogamos que consulte las condiciones de envío de cada una.

  • ¿Dónde encuentro zapatos bonitos?

    Lo que nos dio la idea de los kutsukazari, y el deseo de ofrecerlos, fueron los muchos zapatos preciosos que ya hay en el mundo. Están hechos con tanto cuidado como diseñados, y si le convienen a sus pies esperamos que los pruebe. (Iremos ampliando esta lista.)

    MAYLA(マイラ) … [公式サイト] / [Instagram]

    ha | za | ma(ハザマ) …  [公式サイト] / [Instagram]

    Otras marcas también hacen zapatos preciosos. Aquí van algunas más a modo de referencia.

    あしながおじさん … [公式サイト] / [Instagram]

    BABY THE STARS SHINE BRIGHT … [公式サイト] / [Instagram]

    Estas marcas atienden principalmente al mercado japonés, por lo que es posible que no realicen envíos internacionales. Le rogamos que consulte las condiciones de envío de cada una.

Estos zapatos
florecen cuando
se pone el sol.

Sujetamos el adorno entre el zapato y el pie.

Fijar un kutsukazari no requiere hacer ningún agujero en su zapato. Tampoco emplea nada parecido a una pinza, que dejaría marca. Cualquier método que coloque algo encima de un zapato y lo sujete allí exige inevitablemente alterar el zapato mismo.

Así que pensamos, en cambio, en sujetar el adorno entre el zapato y el pie. Dicho de forma sencilla, la forma es la de un calzador muy pequeño: visto de lado, algo así como una J o una U. El enganche se forma con resina extremadamente fina, o con un metal como el estaño.

Ya se imaginará usted cómo se fija un adorno a la parte que queda fuera del zapato. Para la parte interior, la que se sujeta entre el pie y el zapato, empleamos un producto inventado por 3M llamado mechanical fastener. («Mechanical Fastener» es una marca comercial o marca registrada de 3M Company.) Funciona de manera parecida a un cierre de gancho y bucle, y es un invento notable: una vez unido, mide apenas 0,7 mm de espesor.

Con todo lo fino que es, un mechanical fastener tiene una resistencia a la tracción de unos 40 newtons por centímetro cuadrado. No se moverá bajo un tirón de cuatro kilogramos. Con un centímetro de ancho y tres de largo, eso son doce kilogramos. Un enganche kutsukazari no se inmutará ante el tipo de movimiento que supone quitarse un zapato, y no se soltará por mucho que usted corra o baile.

Una advertencia: cuando los kutsukazari no están en uso y el mechanical fastener queda expuesto, el roce con ciertos materiales —medias o calcetines de tejido rígido y de trama característica, o la piel desnuda— puede reducir su rendimiento con el tiempo. Para ese caso, suministramos como piezas de repuesto tanto la cara de ganchos como la de bucles del mechanical fastener. Por supuesto, también puede usted adquirirlas por su cuenta.

En cuanto a la comodidad, que es lo que más importa, varía según la forma y el material del zapato; pero, mientras la combinación sea buena, dudamos que note usted gran cosa. Piense en ello como en añadir una plantilla: se percibe al principio y pronto se olvida conforme se lleva.

Hemos estudiado las medidas y afinado la forma para que así sea. Si descubre que no le conviene, por favor no se resigne: díganoslo. Aceptamos devoluciones y cambios, como explicamos con más detalle más abajo. Y nos pondremos a mejorarlo, a afinarlo o a prototipar un modelo distinto por completo.

Más abajo hemos dejado por escrito nuestras reflexiones sobre los kutsukazari: sobre la calidad de los materiales y sobre el nivel del trabajo acabado.

LettersSuscríbase a nuestro boletín

Informamos de los avances de Kutsukazari Inc. mediante un boletín de periodicidad irregular. Nuestras previsiones sobre la financiación colectiva, propuestas de nuevos diseños, colaboraciones con otras empresas: le contaremos todo lo que nos sea posible.

Una vez que pulse este botón, su registro estará completo cuando aparezca «Formulario enviado correctamente».


CompanyQuiénes somos

Kutsukazari Inc. diseña, desarrolla y fabrica adornos desmontables para zapatos en Nagoya, Aichi, Japón. Nuestros diseños se registraron en la Oficina Japonesa de Patentes en 2025, y la sociedad se constituyó en 2026.

美しい白のハイヒールの画像です。

[Registro de diseño n.º 1796295] … Una forma de enganche que sujeta con firmeza sin dañar el zapato. Este diseño es solo nuestro, según reconoce la Oficina Japonesa de Patentes.

[Registro de diseño n.º 1807339] … Poseemos un segundo diseño registrado además del anterior. Este permanecerá sin publicar por el momento.

[Solicitud internacional de diseño en trámite — referencia OMPI n.º 970365911] … Estamos tramitando el registro en otros países para que los kutsukazari puedan llegar a todo el mundo.

[Registro de marca n.º 7034695] … Los eventos relacionados con los kutsukazari, y todo aquello que dé color a lo que uno lleva en los pies, esperamos ofrecerlo bajo la marca kutsukazari.

[Registro de marca n.º 7058963] … Hemos registrado el nombre y el logotipo que nos distinguen, para que siempre pueda usted encontrar los kutsukazari.

1-15-18 Nagono, Nishi-ku
Nagoya, Aichi 451-0042
Japón

HistoryEl camino recorrido

Este es, en resumen, el camino que hemos recorrido: desde la primera idea de los kutsukazari, pasando por nuestras solicitudes ante la Oficina Japonesa de Patentes, hasta la constitución de la sociedad.

Mayo de 2024 … Nos pusimos a trabajar en zapatos para las señoras y los señores a quienes servimos.
Agosto de 2024 … Presentamos ante la Oficina Japonesa de Patentes el registro de los diseños kutsukazari.
Abril de 2025 … Uno de los dos diseños fue concedido; el otro, denegado.
Mayo de 2025 … Presentamos un escrito de alegaciones respecto al diseño denegado.
Agosto de 2025 … El segundo diseño también fue concedido.
Agosto de 2025 … Abrimos un sitio web de Kutsukazari Inc., visible solo para las personas implicadas.
Septiembre de 2025 … Presentamos varias marcas relacionadas con Kutsukazari Inc.
Octubre de 2025 … Abrimos el registro gratuito de miembros y recibimos 3.000 registros en veinte días.
Noviembre de 2025 … Publicamos nuestra idea en la plataforma de financiación colectiva CAMPFIRE.
Marzo de 2026 … El sitio web de Kutsukazari Inc. se abrió al público.
Marzo de 2026 … Kutsukazari Inc. quedó formalmente constituida.
Junio de 2026 … Establecimos el proceso de producción en serie del enganche.
Junio de 2026 … Comenzamos a trabajar en las versiones inglesa, francesa, italiana, china y coreana de este sitio web.

Story
Cómo nacieron los kutsukazari

Hola, y gracias por visitarnos. Somos Kutsukazari Inc. y, tal como dice nuestro nombre, nuestro trabajo consiste en hacer adornos para zapatos. La idea tomó forma en 2024, y en 2025 empezamos a llevarla a cabo. Nos gustaría contarle cómo ocurrió todo esto y qué esperamos aportar al mundo. Tardaremos un poco, pero le agradeceríamos que nos acompañara.

Kutsukazari Inc. nació de una organización llamada el Comité de la Mansión de los Mayordomos. En términos societarios se trata de Kyuju Inc., la empresa detrás de la Mansión de los Mayordomos, que abrió sus puertas hace trece años. Unas 42.000 señoras y señores están a nuestro cuidado, a través de dos actividades: la Residencia Principal de Nagoya, que es nuestro negocio gastronómico, y A Sus Órdenes, que es nuestro negocio de venta por correspondencia.

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El Comité de la Mansión de los Mayordomos es un grupo de personal doméstico y artesanos que existe para las señoras y los señores a quienes servimos. Nunca revelamos nuestros nombres ni nuestros rostros verdaderos; simplemente nos entregamos al servicio. Hay muchísimos lugares en Japón donde a uno lo reciben en la puerta como si volviera a casa, pero nos dicen que ninguna otra casa ha gastado del orden de cien millones de yenes en comprar una mansión y reformarla sin otro motivo que hacer verdadera esa bienvenida.

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Nuestra posición dentro del sector, en cambio, nos interesa muy poco. Lo que nos importa es dar alegría a las señoras y los señores a quienes servimos y, si lo conseguimos, tomarlos por sorpresa. Pintamos la casa y cuidamos el jardín, naturalmente; también nos afanamos en crear nuevos dulces y platos. En el pasado hemos lanzado fuegos artificiales al cielo, y hemos preparado mochilas de emergencia para el día en que llegue un desastre.

Desde aquí nos gustaría contarle cómo llegamos a hacer los kutsukazari, adornos para zapatos. (Le llevará unos cinco minutos leerlo entero.)

No creemos que
haya que sufrir
para ser feliz.

Buscamos por todas partes zapatos cómodos y bonitos a la vez.

Disculpe usted un preámbulo tan largo. Desde hacía tiempo, todo el personal de la casa deseaba preparar zapatos hermosos para las señoras y los señores a quienes servimos. Mientras nos encargaban dulces y platos, flores y cosméticos, joyas y accesorios, oíamos una y otra vez lo mismo: «No encuentro zapatos que me queden bien, y cuando los encuentro, no son muy bonitos».

Fáciles de calzar, fáciles de andar, amables con los pies durante todo el día, y además bonitos. Zapatos que animen el corazón y den ligereza al paso. Si pudiéramos ofrecer unos zapatos así, sin duda serían un placer.

Hay un dicho en Japón: vestir bien es saber aguantar. La entereza de arreglarse a pesar del calor, del peso, del dolor, nos parece noble y hermosa. Pero esas palabras pertenecen a quien elige aguantar, y a nadie más. No nos corresponde a nosotros decírselas a quienes servimos.

No creemos que haya que sufrir para ser feliz.

Así que empezamos escribiendo a empresas que fabrican zapatos preciosos: hasta Tokio por el este, hasta Fukuoka por el oeste y, siguiendo los contactos que teníamos, al otro lado del mar, a China y a Vietnam. «¿Nos harían zapatos cómodos y bonitos?», preguntábamos. Nadie nos dijo que sí.

El problema, imaginamos, era la cantidad. Los zapatos se fabrican dando por hecho la producción en serie, y si no se puede dar salida a un lote completo, el pedido no llega a existir. Ya lo sospechábamos a medias. Fue el primer muro con el que nos topamos.

El precio es justo.
Barato, en cambio,
no lo es en absoluto.

Hicimos un par nosotros mismos y aprendimos lo que cuesta de verdad.

Quizá, entonces, la hechura a medida era el único camino. Decidimos hacer los zapatos nosotros mismos. Uno de nuestros empleados entró de aprendiz en un taller de calzado, iba una o dos veces por semana y, tras unos cuatro meses con su maestro, consiguió por fin un par ajustado a unos pies reales. Al echar cuentas, un solo par hecho a la medida de una persona salía por unos 100.000 yenes.

La experiencia nos mostró hasta qué punto los zapatos del mundo están bien hechos, y hasta qué punto son baratos.

Cien mil yenes por un par hecho a mano es un precio justo. Barato, en cambio, no lo es. Con la ropa suelen bastar las tallas pequeña, mediana y grande; con la ropa infantil, tallas cada diez centímetros son suficientes. Los zapatos, como usted sabe, vienen en centímetros e incluso en milímetros, y aun así hay personas que no encuentran un par que les quede bien.

Quienes nunca han tenido problemas con los zapatos no suelen darse cuenta hasta que alguien se lo señala: los pies difieren no solo en longitud, sino también en anchura y, más aún, en la forma misma.

Esto es solo una impresión nuestra, pero puede que el calzado femenino se corte algo más estrecho que el pie medio. No hemos hecho ningún estudio formal; solo sabemos que más de la mitad de las mujeres con quienes hablamos mientras desarrollábamos los kutsukazari describieron sus pies como «un poco más anchos de lo normal». Y ningún fabricante se mantiene vendiendo zapatos cómodos si la silueta y la línea, es decir, su belleza, su gracia, no están ahí para que alguien los tome en sus manos.

Y sin embargo, un zapato que no se puede llevar significa aún menos.

Dicho de otro modo, el calzado de fábrica está hecho para que le sirva, y para vendérselo, al mayor número posible de personas; de manera que quien casualmente se sitúa dentro de la mayoría, y algo hacia el lado estrecho, sencillamente tiene más donde elegir. Los fabricantes se toman muchísimas molestias con esto y hacen productos magníficos. Cada anchura añadida supone otra horma, la forma de madera sobre la cual se construye un zapato, decenas de variantes más de piezas, una gestión de la producción más complicada y un mayor riesgo de inventario. No puede ser fácil.

Hasta el par de zapatos más barato descansa sobre ese equilibrio delicado. Cuanto más comprendíamos lo difícil que es hacer zapatos y ponerlos en manos de alguien, más crecía nuestro respeto por quienes ya lo estaban haciendo.

¿Y si adornáramos
los zapatos que
ya calzan bien?

Decidimos adornar buenos zapatos en lugar de fabricarlos.

Producir en serie zapatos bonitos quedaba fuera de nuestro alcance, y la hechura a medida no resultaba más sencilla. Justo cuando nuestro entusiasmo por todo el asunto empezaba a enfriarse, dimos con los zapatos de cierto fabricante: una empresa que usted conocerá bien, de las que entienden a fondo el cuerpo humano. Hacían zapatos cómodos de andar y amables con los pies, en una amplia gama de tallas no solo de longitud, sino también de anchura. Eso no es poca cosa.

Y cuando pedimos un par y lo tuvimos en las manos, la calidad del trabajo nos hizo suspirar.

La ingeniería, desde luego, pero también su aspecto y, sobre todo, lo fáciles que son de llevar. Dudamos que exista mejor relación entre calidad y precio en ninguna parte. Dicho esto, la serie parece dar prioridad a lo práctico y se compone principalmente de zapatos de salón y tacones negros y sencillos. Ofrecer anchuras además de longitudes, distribuirlas y mantenerlas en existencias exige un gran capital y una gran capacidad. Entendemos el deseo de añadir adorno y color a unos zapatos así, pero ese deseo es un lujo. (Presentamos a este fabricante más adelante, en las Preguntas frecuentes.)

Que existan zapatos que más personas pueden llevar con comodidad ya es motivo de gratitud.

Fue entonces cuando recordamos una lección: nunca hay que confundir el medio con el fin. Nuestro propósito era que la gente llevara zapatos bonitos; hacer zapatos nunca fue el propósito, sino solo el medio. Lo que importa es que las señoras y los señores a quienes servimos, y todos los demás, vivan con plenitud y felicidad. Si otro camino lleva hasta allí, deberíamos tomarlo. ¿Y si se pudieran añadir adornos, después, a los zapatos hechos por las empresas y los artesanos que ya hacen tan bien su trabajo?

Ese fue el comienzo de los kutsukazari.

Que cada par de zapatos responda de su propia comodidad, pensamos, y que cada persona elija los zapatos que convienen a sus propios pies, tan distintos de unos a otros. Nuestra parte sería hacer los adornos: con seguridad, con eficacia, con belleza. Esto tampoco resultó nada sencillo. Los zapatos están siempre en contacto con el cuerpo, de modo que un adorno no debe hacerse notar, y perder uno queda descartado por completo. Y tiene que funcionar con muchísimos zapatos.

Los problemas se nos amontonaban.

Nunca dejaremos
una sola marca
en sus zapatos.

Diseñamos un enganche que no deja marca alguna en el zapato.

Habiendo hecho zapatos nosotros mismos, comprendíamos su estructura y sabíamos dónde recaen las fuerzas. El adorno corresponde sobre todo al empeine y al contrafuerte del talón. Lo que pongamos ahí —una cinta, una flor— no debe caerse mientras la persona camina. Nuestro primer intento fue una placa de metal trabajada, con una forma parecida a la de una pinza para billetes. De hecho, encargamos pinzas para billetes por Amazon y las probamos.

También probamos con alfileres de corbata. Ninguno de los dos seguía la curva natural que se encuentra en el talón de la mayoría de los zapatos; se levantaban dentro del zapato y quien los llevaba los notaba siempre. Peor aún, dejaban arañazos y hundimientos en las superficies de piel y de piel sintética.

Por bonito que quede el resultado, dañar el zapato echa por tierra todo el propósito.

No dañar el zapato. Alterar el calce lo menos posible. No soltarse jamás. No romperse. Y además ser ligero, fácil de trabajar y barato. A lo que llegamos fue a un gancho en forma de J o de U: un enganche formado en resina. Introducirlo sin más nos parecía demasiado precario por sí solo, así que lo reforzamos con un cierre de gancho y bucle extremadamente fino, de 0,7 mm de espesor, patentado por cierto fabricante.

Fije una flor, una cinta, unas cuentas o cualquier otro material o pieza hecha a mano a este enganche, y podrá añadir adorno tanto al empeine como al talón. Y como está hecho no de metal, sino de resina blanda o de un caucho algo más firme, se adapta a muchísimos zapatos, botas y sandalias.

Apenas afecta al calce del zapato, que era precisamente el problema que nos propusimos resolver.

Así fue como llegamos a los kutsukazari. A partir de ahí, sin embargo, estuvimos alrededor de un año sin movernos.

Barato y mal hecho
no es
suficiente.

Registramos nuestros diseños antes de poner nada a la venta.

Comprobamos la idea de realizar adornos para zapatos mediante un enganche, construyendo varios prototipos por el camino. Aun así, no nos apresuramos a anunciar ni a vender. La razón es que un enganche hecho de resina o de metal resulta lo bastante simple como para que cualquiera pueda copiarlo. Una impresora 3D bastaría; alguien con algo de maña podría reproducirlo con materiales de cualquier ferretería.

Deseamos que más personas sean felices y vivan con plenitud. Pero si se imitara la idea que hay detrás de los kutsukazari, ¿cómo se movería el mercado? Quizá estábamos pensando demasiado a futuro, y sin embargo no lográbamos quitarnos de encima el temor de que imitaciones mal hechas se produjeran en serie a bajo precio y llenaran los estantes.

Queremos que el mayor número posible de personas llegue a conocer los kutsukazari aquí en Japón, donde todavía no existe una cultura de adornar los zapatos. Lo último que deseamos es que alguien se lleve una decepción con algo frágil, o que se pierda con facilidad. Así que consultamos con un abogado y con un agente de la propiedad industrial, y presentamos dos registros de diseño ante la Oficina Japonesa de Patentes. Un registro de diseño, en este caso, ampara la forma y el aspecto de un objeto.

Más de seis meses después de la presentación, uno de los dos fue concedido. El otro fue denegado por parecerse a un modelo de utilidad ya existente, pero, cuando explicamos las diferencias con detalle, ese registro también se concedió. Para uno de los dos recurrimos entonces a un sistema llamado solicitud de diseño secreto, que mantiene el contenido registrado sin publicar durante tres años.

△ Uno de los dos diseños registrados ante la Oficina Japonesa de Patentes. Este prototipo se hizo en resina.

Los dos diseños reconocidos por la Oficina Japonesa de Patentes amparan la parte curva en «U» del material. Dicho de otro modo, Kutsukazari Inc. no ha registrado el diseño del adorno en sí, sino la forma del enganche. Conseguimos asegurar, como derecho, la forma misma que surge de manera natural de la plasticidad: esa propiedad, como la de la arcilla o el caucho, de conservar una forma una vez doblada.

Desde entonces hemos presentado los mismos diseños en Estados Unidos, los países de la Unión Europea, el Reino Unido, China, Corea del Sur y Vietnam. Junto a la propia palabra kutsukazari, estamos presentando además solicitudes para nuevas ideas surgidas durante el desarrollo de los prototipos. (Fue por estos trámites que mantuvimos oculto tanto tiempo el segundo diseño y aplazamos nuestra campaña de financiación colectiva. A las señoras y los señores que esperaron con tanta paciencia, les damos las gracias de todo corazón.)

Por fin podemos hacer kutsukazari para usted. (Y lamentamos de veras habernos extendido tanto.)

Cedió
con tanta facilidad,
y con tanta belleza.

Elegimos el estaño y dimos con la manera de cortarlo limpiamente.

Una vez asegurados los derechos sobre el diseño del enganche, nos pusimos a preparar los prototipos para la producción en serie. Llegamos a la conclusión de que nos convenía más un material que se comportara como el caucho o la arcilla que un plástico, el cual conserva una forma fija. Y sin embargo, una vez colocado en el zapato, tenía que quedarse quieto y no moverse en absoluto. Pocos materiales reúnen propiedades tan ideales, y los que las tienen son difíciles de conseguir, o escasos y por tanto caros.

A lo que llegamos fue al estaño, un metal conocido desde antiguo aquí en Japón. Comparte algo del carácter del plomo: muy blando, pero atóxico, de modo que no hay motivo de preocupación por alergias. (Se emplea en vajillas y en recipientes para sake.) Laminamos este material hasta obtener una lámina de menos de un milímetro de espesor y nos afanamos en los prototipos del enganche.

Como cabe imaginar, los metales blandos son poco comunes, y no teníamos ni idea de con qué equipo cortar y trabajar uno. Los casos de aplicación de un metal así a un artículo de moda son prácticamente inexistentes, de manera que íbamos, literalmente, a tientas. Las cuchillas y las herramientas fabricadas para metal, resulta, son demasiado fuertes: la lámina que cortábamos salía deformada.

Aquí volvimos a intentar algo atrevido. Si el metal es blando, pensamos, quizá bastaría con ***. Al probarlo, el metal se cortó con una limpieza que parecía mentira. Cedió con tanta facilidad, y nos dejó un canto de una belleza extraordinaria.

Un paso adelante. Lo siguiente sería probar con el color.

No me dejes sola,
estuvimos a punto
de decir, y callamos.

Buscamos una pintura que se doblara sin agrietarse.

Los kutsukazari son adornos. Aunque necesiten la plasticidad de la arcilla para ajustarse tanto al zapato como al pie, no pueden seguir pareciendo metal desnudo. Así que probamos a acabar los enganches de estaño con pintura. Experimentamos con pintura en polvo, acrílica y epoxi, y todas ellas produjeron una película más dura que el estaño que había debajo, de modo que la pieza ya no se doblaba.

En lugar de doblarse, daba un pequeño chasquido y se partía.

Lo que necesitábamos era una pintura con algo de elasticidad, una que se estirara y se contrajera en vez de cuartearse o resquebrajarse. Lo que nos vino a la memoria fue el caucho en aerosol que estuvo de moda en el mundo del automóvil no hace mucho.

Ese material se difundió como alternativa al vinilo de rotulación. Mientras que el vinilo es una lámina plana que se estira y se presiona hasta su sitio, el caucho en aerosol se pulveriza sobre las curvas de la carrocería y se deja secar.

Para nuestros enganches conseguimos todos los cauchos en aerosol disponibles en Japón y los probamos todos. Todos fallaron. Esto no pasa de ser una suposición nuestra, pero la mayoría de estos productos presuponen una aplicación sobre superficies amplias, de modo que se depositan de manera desigual, y los cantos casi en ángulo recto de nuestra placa repelen la pintura. Una película que no logra sostener su tensión superficial no hace sino invitar a la fricción a desprenderla.

Aquello no podía ser.

Mientras estábamos todos con la cabeza entre las manos, un anuncio curioso apareció en el Instagram de uno de nuestros empleados. Era el producto de un fabricante de pinturas que había llegado al mercado en la década de 2020, con una película curada que se estira a más del doble de su longitud: parecida al caucho, en otras palabras.

De hecho, ya lo habíamos conseguido y probado una vez. Entonces lo aplicamos con pincel, y no había cuidado que evitara las marcas, así que lo dejamos de lado. Ahora descubrimos que, pulverizada con un método determinado, esta pintura forma una película de una uniformidad y una belleza notables.

Era esto. No había otra cosa.

Desde el día siguiente estábamos recortando enganches por decenas, pulverizándolos, fijándoles cintas y cristales, y llevando puestos los resultados como prototipos. Lo único que habíamos hecho era llegar a lo que habíamos imaginado desde el principio, y sin embargo nos emocionamos en silencio.

No duró ni una semana. Los avisos de enganches rotos, algo que apenas habíamos visto antes, empezaron a llegar uno tras otro. Enganches que jamás se habían partido sin pintar se partían ahora en cantidad. ¿Cuál podría ser la razón?

Todos juzgamos
por la apariencia,
y todos lo lamentamos.

Aprendimos que la apariencia cambia el modo de manejar un objeto.

Los enganches pintados se rompían uno tras otro. Al principio nos preguntamos si la pintura habría afectado al estaño, pero, de ser algo, la película debería haberlo reforzado. Entonces, al colocar las piezas rotas unas junto a otras, advertimos varias cosas que tenían en común.

Primero, estaban pintadas de negro mate.

Segundo, se habían roto al retirarlas.

Tercero, el ángulo de esa retirada era más brusco que nada de lo que hubiéramos previsto.

El estaño, que se parece bastante al aluminio o al acero inoxidable, es asombrosamente blando, y casi todo el mundo lo maneja con cautela. Pero el estaño bien pintado adquiere el aire del caucho o del plástico antes que el del metal. Ahí residía la causa, según creemos.

A la gente la influye la apariencia; no hay manera de evitarlo. Al pintar estas piezas para elevarlas al nivel de un producto acabado, es posible que las hiciéramos parecer algo distinto del metal, y que así invitáramos a una forma de manejarlas que nunca habíamos previsto.

No culparíamos, por supuesto, a quienes las usaron.

Normalmente, una experiencia así lleva a una empresa a explicar sus instrucciones de uso con sumo cuidado. A nosotros eso nos pareció equivocado. Un producto que se rompe si no se trata con delicadeza es un producto insuficiente. Es una falta de profesionalidad. Así que tomamos otra decisión atrevida.

Abandonamos el estaño como material para nuestros enganches y empezamos a buscar uno nuevo.

Un paso adelante, un paso atrás: es exasperante, y aun así estamos mucho más lejos de donde empezamos. Existe. Lo encontraremos. Volvimos a empezar creyendo, primero, en nosotros mismos.

Podríamos usar
materiales más finos.
¿Deberíamos?

Aún estamos decidiendo hasta dónde deben llegar los materiales.

Al hacer accesorios o zapatos, por lo general conviene emplear buenos materiales. Lo natural es, por regla general, más preciado que lo fabricado. También hay valor en cómo llegó a existir un material y en el camino que recorrió hasta nosotros, y en lo que ha significado a lo largo de la historia. De hecho, quizá lo que nos conmueve no sea tanto la belleza del material en sí como la historia que las personas han tejido a su alrededor.

Al proponerle a usted los kutsukazari, nos vimos bastante pronto ante la cuestión de cómo elegir. Si fuéramos a usar algo como una piedra preciosa, podríamos preparar piedras naturales o, en el otro extremo, algo tan corriente como el plástico.

Como habrá supuesto, la diferencia se refleja en el precio.

Oímos decir una vez que los accesorios se llevan cerca del rostro. Los pendientes, los collares, los adornos del cabello, todos ellos. Los anillos y las pulseras quedan más lejos, aunque pueden acercarse. Nos pareció que existe cierta correspondencia entre esa cercanía y la calidad del material. ¿Qué nivel de calidad, entonces, requieren los kutsukazari?

Los adornos para el rostro o las manos y los adornos para los pies se diferencian en su distancia respecto al suelo y en la facilidad con que se ensucian. Se cuidarán con distinta frecuencia. Si aquí corresponden materiales finos y escasos es una pregunta que nos gustaría responder poco a poco, conforme usted vaya usando los kutsukazari en los días venideros. Le agradeceríamos sus peticiones, sus consultas y sus impresiones.

No hace falta
que entienda esto
todavía.

Aplicamos un recubrimiento para proteger el material.

Kutsukazari Inc. nació del respeto por los zapatos preciosos que ya existían en este mundo y por los buenos fabricantes que los hacen. Con el deseo de que quienes casi habían renunciado a los zapatos bonitos pudieran también disfrutarlos, llegamos a la idea de los kutsukazari y nos pusimos a construir prototipos. Unos dos años después de aquella primera idea, advertimos un cambio en un par de zapatos que teníamos expuestos en la casa.

Aquellos zapatos nunca se habían llevado a la calle; simplemente estaban colocados, sin más, en una habitación. Y sin embargo había aparecido algo semejante a unas grietas en la superficie. Uno de nuestros empleados, que en su día había estudiado la fabricación de calzado y el cuidado de los artículos de piel, lo reconoció de inmediato como hidrólisis, una característica de la piel sintética, un material que se obtiene recubriendo una base textil con resina sintética para reproducir la textura y el aspecto de la piel auténtica.

Es muy posible que usted mismo lo haya visto. Una cartera, un bolso, un par de zapatos que había atesorado, deshaciéndose poco a poco: es el destino de la piel sintética. No es razón para desdeñar el material por completo. Es fácil de conseguir y fácil de manejar, y para quienes casi habían renunciado a los zapatos bonitos y a las cosas hermosas, nosotros incluidos, resulta verdaderamente útil.

Aun así, preferiríamos que algo que usted ha acogido en su vida y ha cuidado no perdiera su textura original por haber reaccionado con la humedad del aire o por haberse alterado bajo la luz ultravioleta. Así que consultamos con un artesano que lleva mucho tiempo aplicando recubrimientos a los bolsos y las carteras de las señoras y los señores a quienes servimos, y nos dijo que existe un material excelente que resiste tanto la humedad como los rayos ultravioleta.

Nos abstendremos de describir su composición concreta o el método de aplicación. En este sector, presentar una patente hace públicos los detalles, y existe un riesgo real de que otros desarrollen a partir de ellos; de modo que estas cosas se dejan sin decir deliberadamente. En cuanto a los antecedentes: los asientos y las alfombrillas de la marca de automóviles más selecta de Japón, los asientos preferentes de cierto ferrocarril de pasajeros y las atracciones de un parque temático muy conocido. Creemos que puede usted imaginarlo.

Kutsukazari Inc. ha adoptado el recubrimiento de este artesano y lo aplica a las cintas y a una variedad de otros materiales. Repele el agua, pero, más importante aún, repele el polvo y el barro, de manera que un cepillado suave o un ligero golpecito devuelven la pieza a su estado, es decir, que apenas llega a ensuciarse. Mantiene fuera la humedad del aire y la luz ultravioleta que cae del cielo, y conserva vivos los colores. El efecto dura tres años como mínimo. Nosotros aspiramos a cinco, y a diez.

La razón es sencilla: no queremos que usted renuncie a los zapatos bonitos dentro de unos años.

Puede que este no sea un punto en el que repare en el momento de recibir un kutsukazari y acogerlo en su casa. Pero, después de haberlo llevado durante mucho tiempo, creemos que su impresión será distinta. Queremos hacer todo lo que esté en nuestra mano para que lo que entregamos no solo se compre, sino que se quiera durante años.

Seguramente
usted mismo podría
hacer uno.

Seguimos aprendiendo y respetamos a quienes fabrican los suyos.

La estructura de un kutsukazari es muy simple. Esa simplicidad, creemos, es lo que le permite ser amable con sus zapatos y amable con su cuerpo. Nunca fuimos diseñadores, creadores ni artistas; construimos prototipos mientras aprendemos sobre la marcha. Hacemos todo lo posible por lograr algo que le complazca, pero, si resulta que usted mismo trabaja con calzado o con adornos, sea profesionalmente o como afición, nuestro trabajo puede quedar por debajo del suyo.

En la moda y en los accesorios, como en todo campo creativo y en todo oficio, hay comparación y hay competencia. Estas han contribuido al crecimiento y a la madurez de la cultura, y nos han enriquecido tanto materialmente como en espíritu.

Al mismo tiempo, el orgullo que se siente al crear algo puede ir demasiado lejos y llevar a menospreciar el trabajo y los logros de los demás: elevarse uno mismo, o a alguien a quien se admira, rebajando a otro. A quien se sienta inclinado a ello nos gustaría decirle: no hace falta. Usted ya es capaz, y admirable tal como es.

Kutsukazari Inc. espera hacer realidad un sueño al que la gente había renunciado, mediante la idea de añadir adorno a zapatos cómodos después de comprarlos. Queremos que eso sea sencillo, asequible y práctico. Acabamos de empezar, y puede que nuestro trabajo aún resulte tosco. Habrá quien sienta que podría hacer algo mejor por su cuenta, y es muy posible que tenga razón.

La palabra kutsukazari, «adorno para zapatos», existe en japonés desde hace mucho tiempo y aparece en el sistema de clasificación del registro de marcas de la Oficina Japonesa de Patentes. Búsquela en Google, sin embargo, y encontrará pocos productos ofrecidos bajo ese nombre, y ninguna empresa ni tienda especializada en ellos.

Nuestro propósito, ante todo, es difundir los kutsukazari y hacer algo que satisfaga al mayor número posible de personas.

(Una pequeña petición. Si desea proponernos convertir su propia obra en un kutsukazari, le rogamos que no adjunte bocetos ni muestras de su idea de entrada. Es sencillamente una precaución frente a las sospechas de robo de ideas o de plagio que tan a menudo surgen en los campos creativos.)

Los zapatos llevan
mucho tiempo
siendo malentendidos.

Queremos que sepa que el zapato debe ajustarse bien.

Los zapatos y la ropa se conocen ambos como cosas que uno lleva puestas, pero su función y su papel son enteramente distintos. Lo ideal es que ambos luzcan bien y resulten cómodos; sin embargo, a un zapato, que toca el suelo mientras soporta todo el peso de una persona, y a una prenda, que cae con suavidad por efecto de la gravedad, se les piden resultados distintos y les corresponden tareas distintas. Si acaso, un zapato se acerca más a lo que la ropa interior significa para una mujer. No holgura, sino ajuste.

Un zapato sostiene el peso de quien lo lleva a través de cada una de las partes que lo componen. Lo que ello presupone no es holgura, sino ajuste. Hay muchas personas aquejadas de juanetes o de rozaduras, y parece ser que cuanto más dolor sufre alguien, más probable es que elija una talla con espacio de sobra.

Pocos se dan cuenta de que esto produce el efecto contrario.

Llevado en la talla que de verdad corresponde —lo que en general significa un ceñido que casi parece apretado—, el dolor puede desaparecer como si nunca hubiera existido. Hemos presenciado ese momento muchas veces, y es conmovedor verlo.

Cuando un zapato es demasiado ancho para el pie, los dedos dejan de estar sujetos. El pie se desliza hacia atrás con cada paso que usted da, y hacia delante otra vez al apoyar, una y otra vez. Según la forma del pie, la presión recae sobre los dedos y las articulaciones, causando dolor y, en el peor de los casos, lesiones.

Hay intención y cuidado en la forma de un zapato, en sus materiales, en el modo en que está cosido. Solo cuando se permite que todo eso cumpla su función se obtiene comodidad verdadera al andar.

Pero hay tantas formas de pie como personas, y tantas formas de zapato como zapatos. Una longitud de 23,5 cm, una anchura C, E o EEE: aun cuando las medidas coincidan, puede que el calce no lo haga. Dos zapatos fabricados en la misma talla pueden sentirse ligeramente distintos. Elegir zapatos es un asunto delicado y, precisamente por eso, no es cosa de tomarse a la ligera. Comprar por internet es cómodo, pero le rogamos que procure disponer de alguna ocasión para probárselos.

(Y si va a medirse los pies para una compra en línea, por favor no se los mida usted mismo: pídale a alguien cercano que lo haga. De lo contrario pueden colarse varios niveles de error.)

Querríamos gustar
a muchos. Pero
podemos vivir sin ello.

Aceptamos devoluciones, porque el calce es un asunto delicado.

Queremos poner todo el cuidado posible, y prototipar hasta donde nos sea posible, para que el mayor número de personas pueda disfrutar de los kutsukazari. También es cierto que ningún zapato y ninguna prenda de este mundo complacen a todo el mundo.

Según los zapatos con los que se combinen, y según el carácter particular de su cuerpo y de sus pies, puede que al usarlos descubra que no le convienen, o que no son lo que se había imaginado. Como decíamos antes, los kutsukazari son más delicados en talla y en equilibrio que la mayoría de los artículos, y consideramos que este problema es inevitable.

Por esa razón, aceptamos devoluciones y cambios. Dejando aparte el desgaste del mechanical fastener, y siempre que la pieza en sí no esté manchada ni dañada, aceptaremos un cambio o una devolución dentro de las tres semanas siguientes a la entrega. Un kutsukazari que vuelve a nosotros es acogido de regreso a casa y enviado de nuevo a otra persona. (Por el momento, los accesorios que no sean kutsukazari quedan excluidos. Le pedimos su comprensión.)

Es un atrevimiento por nuestra parte pedirlo, pero debemos solicitar una aportación para el envío y la gestión: 1.000 yenes por una devolución y 2.000 yenes por un cambio. Le rogamos que tenga en cuenta que estos importes pueden variar.